ESTRÉS

El estrés nos permite afrontar una situación de la manera más efectiva. Hace muchos años, las personas podían huir rápidamente cuando se encontraban con un león, podían saltar una enorme zanja o cazar un mamut cuando tenían hambre, todo ello gracias al estrés. Ante estas situaciones, se segregan grandes cantidades de cortisol, la hormona del estrés.

 

Por el contrario, en la actualidad, la acumulación de altos niveles de estrés pueden provocar alteraciones del sueño, elevación de la tensión arterial, problemas gastrointestinales e incluso infartos de corazón.

 

Durante el embarazo, altos niveles de estrés pueden tener repercusiones sobre la madre y el bebé.  Aunque la placenta protege al bebé de agentes externos durante el embarazo, cuando los niveles de estrés alcanzan cifras elevadas, la hormona del estrés cortisol,  atraviesa la placenta y llega al bebé en desarrollo. Sabemos que aquellas embarazadas expuestas a altos niveles de estrés pueden tener a sus bebés prematuramente y con bajo peso.

 

Bebés que han estado expuestos a altos niveles de estrés durante su desarrollo intrauterino pueden presentar repercusiones en su neurodesarrollo (motor, cognitivo, lenguaje). Existe evidencia que apoya la relación entre niveles elevados de cortisol intrauterino y una programación fetal al desarrollo de psicopatologías en la edad adulta.

 

Por este motivo, el estudio del estrés durante el embarazo es imprescindible para mejorar la salud materna, infantil y sus repercusiones a corto y largo plazo.